¿Adiós a los pinchazos? La verdad sobre la insulina inhalada.
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El tratamiento habitual de la diabetes mellitus tipo 1, y en algunos casos de la tipo 2, es la insulina. Esta hormona sintetizada en el páncreas, cuya cantidad o actividad se encuentran disminuidas en los pacientes diabéticos, fue descrita inicialmente por Nicolae Paulescu pese a que el Doctor Frederick Grant Banting y su equipo de trabajo en la Universidad de Toronto recibieron un Nobel de Medicina por supuestamente haberla descubierto primero.

La insulina está compuesta por un cadena de 51 aminoácidos y es sintetizada por las células beta del páncreas ubicadas en los islotes de Langerhans. Cuando esta hormona no se produce en las cantidades adecuadas, lo cual suele ocurrir por la autodestrucción inmunológica de las células que la producen, aparece la diabetes mellitus tipo 1. La fisiopatología de esta enfermedad es muy compleja e involucra un gran número de procesos orgánicos concatenados, pero lo cierto es que los pacientes que la padecen requerirán más temprano que tarde de la insulina.

La administración de insulina para el control de pacientes diabéticos se realiza por vía subcutánea. En algunos casos urgentes, como la cetoacidosis diabética o durante procedimientos quirúrgicos, puede administrarse también por vía intravenosa o intramuscular, pero siempre se utiliza alguna forma parenteral o distinta a la oral. Esto implica que el paciente debe inyectarse la insulina de forma rutinaria por el resto de su vida, acto que no deja de ser doloroso, molesto y frustrante. Imaginar la necesidad de inyectarse varias veces al día, todos los días, durante años o décadas es un hecho abrumador para cualquier persona.

Una nueva alternativa

Ante ese escenario, durante los últimos 30 años, se han realizado numerosos intentos por conseguir una insulina que pueda ser administrada a través de una vía distinta a las agujas. Se creyó en un principio que la vía oral era la adecuada. Incorrecto. No hay fórmulas que toleren la acidez estomacal aún estando protegidas con películas gástricas. Estos fracasos llevaron a los investigadores a plantearse una alternativa distinta y original, obteniendo resultados interesantes: la vía respiratoria.

La primera insulina inhalada fue patentada por la empresa farmacéutica Pfizer bajo el nombre de Exubera. Fue lanzada al mercado en el 2006, pero tan solo un año después, su venta fue cancelada. ¿Por qué? Debido a que no cumplió con las expectativas comerciales de la empresa y porque hubo múltiples quejas sobre su dosificación y resultados. En palabras del director general de Pfizer, Jeffrey Kindler, “Exubera no logró ganarse la confianza de los pacientes ni de los médicos”. Otros analistas sugieren que la relación costo/beneficio de dicho medicamento no era satisfactoria.

Nada de darse por vencidos

Mientras tanto, otras empresas fueron estudiando su propia versión de la insulina inhalada. La FDA – ente regulador de medicamentos y alimentos en los Estados Unidos – aprobó en el 2014 una nueva insulina inhalada llamada Afrezza, producida por MannKind Corporation. La misma salió al mercado en alianza con la gigante Sanofi pero esta abandonó el proyecto en el 2016 por las mismas razones económicas blandidas por Pfizer con su producto Exubera.

MannKind no renunció y para la fecha Afrezza cuenta con un lugar aceptable en el mundo médico. ¿Pero cuál es su rol actual? Debemos admitir que Afrezza ofrece mejores resultados que su antecesora Exubera. Su comportamiento farmacocinético la incluye en las insulinas de acción rápida, con un pico de actividad entre los 40 y 60 minutos y duración aproximada de 2 o 3 horas. Se administra por inhalación oral con las comidas y pese a ser apenas menos efectiva que las insulinas rápidas clásicas en la reducción de la hemoglobina glicosilada, presenta menos riesgo de hipoglicemia post pandrial y de aumento de peso.

El efecto adverso más frecuente, además de la hipoglicemia, es la tos. De hecho está contraindicada en pacientes asmáticos o con enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

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También es cierto que la dosificación todavía es imprecisa y la falta de datos acerca de sus efectos a largo plazo han causado algún rechazo por parte de los pacientes y los médicos. Sin embargo, su popularidad ha comenzado a elevarse, especialmente en grupos especiales de diabéticos.

Usos e indicaciones

Las indicaciones más frecuentes para la insulina inhalada incluyen:

  • Pacientes que reciben insulina de acción larga por vía subcutánea pero prefieren la vía inhalada para la administración de insulinas rápidas.
  • Diabéticos tipo 2 con inadecuado control a través de hipoglicemiantes orales y que se niegan a iniciar insulina inyectada debido a fobia hacia las agujas.
  • Pacientes recibiendo insulina subcutánea con episodios frecuentes de hipoglicemia post pandrial tardía.
  • Cualquier paciente que desarrolle reacciones cutáneas a la inyección de insulina, como lipoatrofia o lipohipertrofia.
  • En combinación con la implementación de páncreas artificiales automatizados cuando se requiere una dosis rápida de insulina posterior a la ingesta copiosa de alimentos.

Conclusiones

Aún teniendo sus limitaciones, podemos decir que la insulina inhalada es una buena alternativa terapéutica para los pacientes diabéticos. Es un medicamento no invasivo y efectivo para controlar la glicemia, muy útil en personas que le temen a las agujas o que presentan hipoglicemia post pandrial muy frecuente con el uso de insulinas típicas. Si bien nuevos estudios son necesarios, en especial a largo plazo, podemos decir que muchos pacientes le dirán adiós a las agujas y le darán la bienvenida a la insulina inhalada.

Referencias

  1. Mikhail N. Place of technosphere inhaled insulin in treatment of diabetes. World Journal of Diabetes. 2016; 7(20):599-604. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/
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  3. Heinemann L, Baughman R, Boss A, Hompesch M. Pharmacokinetic and Pharmacodynamic Properties of a Novel Inhaled Insulin. Journal of Diabetes Science and Technology. 2017; 11(1):148-156. Disponible en: http://journals.sagepub.com/
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Pedro Salinas

Pediatra y anestesiólogo. Redactor y traductor médico. Universidad de Carabobo/Instituto Venezolano de los Seguros Sociales.
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